Parte 3 · Capítulo 1
Introducción a la vida devota · San Francisco de Sales
DE LA ELECCIÓN QUE CONVIENE HACER EN CUANTO AL EJERCICIO DE LAS VIRTUDES
Tramo 1 de 8
El rey de las abejas nunca penetra en los campos si no va rodeado de su pequeño pueblo, y la caridad nunca entra en un corazón si no lleva consigo todo el séquito de las demás virtudes, a las que ejercita y hace trabajar, como un capitán a sus soldados; pero no las pone en acción ni súbitamente, ni de la misma manera, ni siempre, ni en todas partes. El justo es
«como el árbol plantado junto a la corriente de las aguas' que lleva su fruto a su tiempo», porque la caridad, al rociar una alma, produce en ella las obras de virtud, y cada una a su debido tiempo. «La música -dice el Proverbio-, es inoportuna en un duelo». Muchos padecen de un defecto, a saber, que cuando emprenden la práctica de una virtud particular, se obstinan en hacer actos de la misma en toda clase de ocasiones, y, como aquellos antiguos filósofos, quieren o siempre reír o siempre llorar; y aun se conducen peor cuando censuran o critican a los que no practican siempre aquellas mismas virtudes tal como ellos lo hacen. «Hay que alegrarse con los que están alegres y llorar con los que lloran», dice el Apóstol, y «la caridad es paciente, benigna», generosa, prudente, condescendiente.
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