Santos Apóstoles · Kindle

Parte 3 · Capítulo 1

Introducción a la vida devota · San Francisco de Sales

DE LA ELECCIÓN QUE CONVIENE HACER EN CUANTO AL EJERCICIO DE LAS VIRTUDES

Tramo 8 de 8

Letra pequeñaMedianaGrande

Si me siento combatido por el orgullo o por la ira, será menester que, en todas las cosas, me incline y me doblegue del lado de la humildad y de la mansedumbre, y que, hacia este fin, enderece los demás ejercicios de la oración, de los sacramentos, de la prudencia, de la constancia, de la sobriedad. Porque así como los jabalíes para afilar sus defensas, las frotan y afirman con los demás dientes, los cuales, a su vez, quedan con ello muy finos y cortantes, así el hombre virtuoso, después de haber cometido la empresa de perfeccionarse en la virtud que le es más necesaria para su defensa, la ha de pulir y limar con el ejercicio de las demás virtudes, las cuales, a la vez afilan aquélla, se hacen ellas mismas más excelentes y perfectas, como le ocurrió a Job, que, al practicar, de un modo especial, la paciencia, contra las tentaciones que le acometieron, se hizo santo y virtuoso en toda suerte de virtudes. Y aún ha ocurrido que, como dice San Gregorío Nacianceno, por un solo acto de virtud, practicado con perfección, una persona ha llegado a la cumbre de la santidad, y pone como ejemplo Rahab, el cual, por haber practicado de una manera perfecta la hospitalidad, llegó a una gloria suprema; pero esto se entiende de cuando el acto se hace de una manera excelente, con gran fervor y caridad.

Siguiente capítulo

Último tramo abierto guardado si su navegador acepta cookies. También puede guardar esta página en favoritos.