Parte 3 · Capítulo 3
Introducción a la vida devota · San Francisco de Sales
DE LA PACIENCIA
Tramo 4 de 6
Cuando te sobrevenga algún mal, procura combatirlo, según la voluntad de Dios, porque obrar de otra manera sería tentar a su divina Majestad; pero, después, espera con entera resignación el resultado que Dios permita. Si Él quiere que los remedios venzan al mal, le darás las gracias con humildad; pero, si le place que el mal sea más fuerte que los remedios, bendícelo también con paciencia. Soy del parecer de San Gregorio: si eres acusada justamente, por alguna culpa que hayas cometido, humíllate mucho, reconócete merecedora de la acusación que contra ti se ha hecho. Si la acusación es falsa, excúsate con dulzura, negando que seas culpable, porque te obliga a ello la reverencia a la verdad y la edificación del prójimo; pero, si después de tu verdadera y legítima excusa, persiste la acusación, no te perturbes en manera alguna, ni te esfuerces en hacer aceptar tus razones, porque, una vez hayas cumplido tu deber con la verdad, has de cumplirlo con la humildad.
Quéjate tan poco como puedas de las injurias que te hagan, porque es cosa cierta que, ordinariamente, el que suele quejarse peca, porque el amor propio siempre exagera las injurias; pero, sobre todo, no te lamentes en presencia de personas inclinadas a indignarse y a pensar mal. Y, si fuese conveniente desahogarte con alguien, ya para poner remedio a la ofensa, ya para calmar tu espíritu, hazlo con almas tranquilas y que amen mucho a Dios, porque de otra manera, en lugar de dar descanso a tu corazón, provocarán mayores inquietudes; en lugar de arrancar la espina que te hiere, la clavarán más fuertemente en tu pie.
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