Parte 3 · Capítulo 4
Introducción a la vida devota · San Francisco de Sales
DE LA HUMILDAD EXTERIOR
Tramo 2 de 4
Otros, por un poco de ciencia que poseen, quieren ser honrados y respetados de todos, como si todos hubiesen de ir a su escuela y tenerlos por maestros; por esto les llaman pedantes. Otros se pavonean, al considerar su hermosura, y creen que todo el mundo les hace la corte. Todo esto es extremadamente vano, necio e impertinente, y la gloria, que estas cosas tan frívolas reportan, se llama vana, estúpida, frívola.
El bien verdadero se conoce como el verdadero bálsamo; el bálsamo se prueba echándolo al agua; si va al fondo y queda debajo, señal es de que es más fino y de más precio. Así, para conocer si un hombre es de verdad prudente, sabio, generoso, noble, se ha de ver si estas virtudes tienden a la humildad, a la modestia y a la sumisión, porque entonces son verdaderos bienes; pero, si sobrenadan y quieren aparecer, serán bienes tanto menos verdaderos, cuanto más aparentes. Las perlas que se forman o se crían en medio de los vientos y del ruido de los truenos sólo tienen la corteza de perlas y están vacías de substancia; así también las virtudes y las buenas cualidades de los hombres, forjadas y alimentadas en el orgullo, en la soberbia y en la vanidad, no tienen sino una apariencia de bien y carecen de substancia, de meollo y de solidez.
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