Parte 3 · Capítulo 6
Introducción a la vida devota · San Francisco de Sales
QUE LA HUMILDAD HACE QUE AMEMOS NUESTRA PROPIA ABYECCIÓN
Tramo 5 de 5
¿Quién nos hará la gracia de que podamos decir con aquel gran rey: «He preferido ser abyecto en la casa del Señor a habitar en los palacios de los pecadores?». Nadie puede decirlo, amada Filotea, fuera de Aquel que, para ensalzarnos, vivió y murió de manera que fue «el oprobío de los hombres y la abyección de la plebe».
Te he dicho muchas cosas que te parecerán duras cuando las consideres; pero, créeme: cuando las practiques, serán para ti más agradables que el azúcar y la miel.
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