Santos Apóstoles · Kindle

Parte 3 · Capítulo 7

Introducción a la vida devota · San Francisco de Sales

COMO SE HA DE CONSERVAR EL BUEN NOMBRE PRACTICANDO, A LA VEZ, LA HUMILDAD

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La alabanza, el honor y la gloria no se tributan a un hombre por una simple virtud, sino por una virtud excelente. Porque, por la alabanza, queremos persuadir a los demás que aprecien la excelencia de alguien; por el honor, significamos que le apreciamos nosotros mismos, y la gloria, a mi modo de ver, no es otra cosa que cierto resplandor de la reputación, que irradia del conjunto de muchas alabanzas y honores; de manera que las alabanzas y los honores son como las piedras preciosas, de cuyo conjunto Irradia la gloria como un brillo.

Ahora bien, la humildad, que no puede sufrir que nosotros nos creamos más encumbrados o que hemos de ser preferidos a los otros, tampoco puede permitir que busquemos la alabanza, el honor y la gloria, que se deben a la sola excelencia. Con todo, la humildad está conforme con la advertencia del Sabio, el cual nos dice que «tengamos cuidado de nuestra fama», porque el buen nombre es la estima, no de excelencia alguna, sino de una simple y común probidad e integridad de vida, cuyo conocimiento en nosotros no impide la humildad como tampoco impide que deseemos la reputación de ello. Es verdad que la humildad despreciaría la buena fama, si la caridad no tuviese necesidad de ella; mas, porque ella es uno de los fundamentos de la sociedad humana, y porque, sin ella, no sólo somos inútiles sino también perjudiciales al público, por este motivo, a causa del escándalo que aquel recibiría, exige la caridad, y la humildad admite, que deseemos y conservemos cuidadosamente la buena fama.

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