Parte 3 · Capítulo 7
Introducción a la vida devota · San Francisco de Sales
COMO SE HA DE CONSERVAR EL BUEN NOMBRE PRACTICANDO, A LA VEZ, LA HUMILDAD
Tramo 4 de 5
La reputación es como una señal que da a, conocer donde habita la virtud; la virtud, por lo tanto, ha de ser, en todo y por todo, preferida. Por esto, si alguien te dice: eres un hipócrita, porque practicas la devoción, o bien te tiene por persona apocada, porque has perdonado una injuria, ríete de todo esto. Porque, aparte de que estos juicios los hacen personas necias y estúpidas, aunque hubieses de perder la fama no deberías dejar la virtud ni desviarte de su camino, porque se ha de preferir el fruto a las hojas, es decir el bien interior y espiritual a todos los bienes exteriores. Hemos de ser celosos, pero no idólatras de nuestro buen nombre, y, si no conviene ofender el ojo de los buenos, tampoco hay que desear contentar el de los malos. La barba es un adorno en el rostro del hombre, y los cabellos en la cabeza de la mujer; si se arranca del todo el pelo de la cara y el cabello de la cabeza, difícilmente volverán a aparecer; pero, si tan sólo se corta el cabello y se afeita la barba, pronto el pelo volverá a crecer y saldrá más fuerte y más áspero. De la misma manera, aunque la fama sea cortada, o del todo afeitada, por la lengua de los maldicientes, que, como dice David, «es una navaja afilada», no es menester inquietarse, porque pronto volverá a salir, no sólo tan bella como antes, sino mucho más fuerte. Pero, si nuestros vicios, nuestras felonías, nuestra mala vida, nos quitan la reputación, será difícil que jamás vuelva, porque ha sido arrancada de raíz. Y la raíz de la buena fama es la bondad y la probidad, la cual, mientras permanece en nosotros, puede reproducir siempre el honor que le es debido.
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