Parte 3 · Capítulo 12
Introducción a la vida devota · San Francisco de Sales
DE LA NECESIDAD DE LA CASTIDAD
Tramo 2 de 3
Las vírgenes necesitan una castidad en extremo simple y delicada, para alejar de su corazón toda suerte de pensamientos curiosos y para despreciar, con desdén absoluto, toda clase de placeres inmundos, los cuales, ciertamente, no merecen ser deseados por los hombres, puesto que los jumentos y los cerdos son más capaces de ellos. Guárdense, pues, mucho, las almas puras, de poner jamás en duda que la castidad es incomparablemente mejor que todo cuanto le es incompatible, porque, como dice San Jerónimo, el enemigo, empuja con violencia a las vírgenes al deseo de probar las delectaciones, representándoselas como infinitamente más agradables y sabrosas de lo que son, cosa que, con frecuencia, las perturba en gran manera, porque, como añade este Santo Padre, creen que es más delicioso lo que desconocen. Porque, así como la mariposa al ver la llama, anda revoloteando curiosamente en torno de ella, para ver si es tan deliciosa como hermosa, y empujada por esta ilusión, no cesa, hasta que perece en la primera prueba, de' mismo modo, los jóvenes, de tal manera se dejan cautivar por la falsa y necia afición al placer de las llamas voluptuosas, que, después de muchos pensamientos curiosos, acaban por perderse y arruinarse en ellas, y, en esto, son más necios que las mariposas, puesto que éstas tienen algún motivo para creer que el fuego es delicioso, porque es tan bello, mientras que ellos, sabiendo que lo que buscan es extremadamente deshonesto, no por ello dejan de tener en más estima la loca y brutal delectación.
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