Parte 3 · Capítulo 16
Introducción a la vida devota · San Francisco de Sales
MANERA DE PRACTICAR LA POBREZA DE ESPÍRITU EN MEDIO DE LA POBREZA REAL
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Pero, si eres realmente pobre, queridísima Filotea, por Dios, procura serlo también de espíritu; haz de la necesidad virtud, y emplea esta piedra preciosa de la pobreza en lo que ella vale: su brillo no es conocido en este mundo, a pesar de que es extremadamente hermoso y rico.
Ten paciencia, pues andas en buena compañía: Nuestro Señor, Nuestra Señora, los Apóstoles y otros muchos santos y santas que fueron pobres, y aun 'pudiendo ser ricos, menospreciaron el serlo. ¡Cuántos grandes del mundo, viniendo las mayores contradicciones, han ido, con diligencia no igualada, a buscar la santa pobreza en los claustros y en los hospitales! Mucho se han afanado para encontrarla, como lo atestiguan San Alejo, Santa Paula, San Paulino, Santa Ángela y tantos otros. Mas, he aquí Filotea, que la pobreza, más amable contigo, se presenta en tu casa; la has encontrado sin buscarla y sin trabajo; abrázala, pues, como a una amiga muy querida de Jesucristo, que nació, vivió y murió en la pobreza, la cual fue su alimento durante toda su vida.
Tu pobreza, Filotea, tiene dos grandes ventajas, merced á las cuales pueden acrecentarse en gran manera tus méritos. La primera es que no te ha sobrevenido por propia elección, sino por la sola voluntad de Dios, que te ha hecho pobre, sin cooperación alguna por parte de tu voluntad. Ahora bien, lo que recibimos puramente de la voluntad de Dios siempre le es más agradable, con tal que lo aceptemos de corazón y por amor a su voluntad divina: donde hay menos de nuestra parte, hay más de parte de Dios. La simple y pura aceptación de la voluntad de Dios, purifica extraordinariamente el sufrimiento.
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