Parte 3 · Capítulo 18
Introducción a la vida devota · San Francisco de Sales
LOS AMORÍOS
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Cuando estas amistades frívolas se entablan entre personas de diferente sexo y sin mirar al matrimonio, se llaman amoríos, porque, no siendo abortos, o mejor dicho, fantasmas de la amistad, no pueden llevar el nombre de amistad ni de amor, a causa de su incomparable vanidad e imperfección. Por ellas, pues, los corazones de los hombres y de las mujeres quedan aprisionados, esclavos y encadenados los unos con los otros, con vanos y locos afectos, fundados en estas frívolas comunicaciones y placeres ruines de que acabamos de hablar. Y aunque estos necios amores acaban, ordinariamente, por fundirse y precipitarse en carnalidades y lascivias feas, no es, empero, éste el primer intento de los que se entretienen en ellos; de lo contrario ya poseerían amoríos, sino manifiestas torpezas. En algunos casos, podrán pasar aun muchos años, sin que, entre los tocados de esta locura, ocurra alguna cosa, directamente contraria a la castidad del cuerpo, porque se contentan únicamente con desahogar su corazón con deseos, anhelos, suspiros, galanterías y otras necesidades y vanidades parecidas, y esto con diversas pretensiones.
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