Parte 3 · Capítulo 21
Introducción a la vida devota · San Francisco de Sales
ADVERTENCIA Y REMEDIOS CONTRA LAS MALAS AMISTADES
Tramo 2 de 4
Recuerda que has consagrado tu corazón a Dios, y que, habiéndole sacrificado tu amor, sería un sacrilegio robarle una sola brizna; al contrario, sacrifícaselo de nuevo, con mil resoluciones y protestas, y permaneciendo en medio de éstas como un ciervo en su refugio, acude a Dios; Él te socorrerá, y su amor tomará el tuyo bajo su protección, para que viva únicamente por Él.
Pero, si ya has quedado cogida en las redes de estos locos amores, ¡Dios mío, que dificultad en desprenderte de ellas! Ponte delante de su divina Majestad; reconoce, en su presencia, la grandeza de tu miseria, tu flaqueza y tu vanidad; después, con el mayor esfuerzo de tu corazón que te sea posible, detesta estos amores comenzados; abjura la vana profesión que de ellos hubieres hecho; renuncia a todas las promesas recibidas, y, con una muy grande y decidida voluntad recoge tu corazón y resuelve nunca más expansionarte con estos juegos y entretenimientos de amor.
Si puedes alejarte de la ocasión, te lo aprobaré infinito, porque así como los que han sido mordidos de la serpiente no pueden fácilmente curarse en presencia de los que, en otra ocasión, han sido picados por el mismo animal, así la persona que ha sido mordida por el amor, difícilmente curará de esta pasión, mientras esté cerca de la otra que haya recibido la misma mordedura. El cambio de lugar es el gran sedante para calmar los ardores y las inquietudes, así de] amor como del dolor. El jovencito del cual habla San Ambrosio, en el libro segundo de La Penitencia, después de haber hecho un largo viaje se sintió completamente libre de los locos amores que había tenido, y quedó tan trocado, que, al encontrarle su loca enamorada y al decirle: «¿No me conoces? Soy la misma», respondió él:
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