Parte 3 · Capítulo 23
Introducción a la vida devota · San Francisco de Sales
DE LOS EJERCICIOS DE LA MORTIFICACIÓN EXTERIOR
Tramo 6 de 8
Es menester emplear la noche en dormir, tanto como sea necesario, para poder velar muy útilmente de día, cada uno según su complexión. Y, como quiera que la Sagrada Escritura, en muchos lugares, el ejemplo de los santos y la razón natural nos recomiendan, en gran manera, el madrugar, por ser este tiempo el mejor y el más fructuoso de nuestro día, y el mismo Nuestro Señor es llamado sol naciente, y la Santísima Virgen alba del día, creo que es una virtud acostarse temprano, por la noche, para poder despertarse y levantarse muy de mañana. Ciertamente, esta hora es la más agradable, la más dulce y la menos embarazosa; aun los pájaros, en ella, nos invitan a despertarnos y a alabar a Dios: así, pues, el madrugar es útil a la salud y a la santidad.
Balaán iba, montado en su asna, al encuentro de Balac. Mas, como que no obraba con rectitud de intención, le esperó en el camino el ángel con una espada para matarle. La asna, que veía al ángel, se detuvo pertinazmente por tres veces; Balaán no cesaba de golpearla cruelmente a bastonazos, para obligarla a andar, hasta que, a la tercera vez, la asna, agachándose, con Balaán montado encima, le habló, por un milagro, y le dijo: «¿ Qué te he hecho yo? ¿Por qué me has golpeado ya tres veces?» Y enseguida se le abrieron a Balaán los ojos, y vio al ángel el cual le dijo: «¿Por qué has pegado a tu asna? Si ella no hubiese retrocedido delante de mí, yo te hubiera muerto y hubiera salvado a ella». Entonces dijo Balaán al ángel: «Señor, he pecado, porque no sabía que te hubieses puesto frente a mí, en el camino». ¿Lo ves Filotea? Balaán es la causa del mal, pega y da de bastonazos a la pobre asna, que no tiene ninguna culpa.
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