Parte 3 · Capítulo 23
Introducción a la vida devota · San Francisco de Sales
DE LOS EJERCICIOS DE LA MORTIFICACIÓN EXTERIOR
Tramo 8 de 8
bañarse como purificar la sangre y refrescar el hígado; así también, para curar nuestros defectos, bueno es mortificar la carne, pero, ante todo, es necesario purificar nuestros afectos y refrescar nuestros corazones. Ahora bien, en todo y por todas partes, de ninguna manera se han de emprender austeridades corporales sin el consejo de nuestro guía.
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