Santos Apóstoles · Kindle

Parte 3 · Capítulo 24

Introducción a la vida devota · San Francisco de Sales

DE LAS CONVERSACIONES Y DE LA SOLEDAD

Tramo 4 de 4

Letra pequeñaMedianaGrande

Empero, además de la soledad mental, a la cual puedes retirarte siempre, en medio del bullicio de las conversaciones, como he dicho más arriba, has de amar la soledad local y real, no para irte al desierto como Santa- María Egipciaca, San Pablo, San Antonio, Arsenio y otros padres solitarios, sino para estar un poco en tu habitación, en tu jardín o en otro lugar, donde puedas, a tu sabor, recoger tu espíritu en tu corazón, y recrear tu alma con buenas reflexiones y santos pensamientos o con un rato de buena lectura, a ejemplo de aquel obispo Nacianceno, que, hablando de sí mismo, dice: «Paseaba conmigo mismo al atardecer, durante algún tiempo, por la orilla del mar, porque tenía la costumbre de tomar esta recreación, para distraerme y librarme un poco de los enojos de cada día», y enseguida discurre acerca del buen pensamiento que tuvo y que he referido en otro lugar,. Y toma también por modelo a San Ambrosio, hablando del cual, dice San Agustín que con frecuencia, cuando entraba en su habitación (pues tenía siempre la puerta abierta para todo el mundo), lo encontraba leyendo, y, después de haber esperado un rato se iba sin decirle nada para no estorbarle, y pensando que no había de robar aquel poco tiempo que quedaba a este gran pastor para robuster y recrear su espíritu, después del trasiego de tantas ocupaciones. También, un día, habiendo contado los Apóstoles a Nuestro Señor que habían predicado y trabajado mucho, les dijo: «Venid a la soledad y descansad un poco».

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