Parte 3 · Capítulo 33
Introducción a la vida devota · San Francisco de Sales
DE LOS BAILES Y PASATIEMPOS QUE SON PELIGROSOS
Tramo 1 de 3
Las danzas y los bailes son cosas, de suyo, indiferentes, pero, atendiendo a la manera ordinaria de practicar este ejercicio, resulta muy resbaladizo e inclinado hacia el lado del mal, y por consiguiente, está lleno de daño y de peligro. Se baila de noche, y es muy fácil que, en medio de la oscuridad y de las tinieblas, una cosa por sí misma susceptible de mal, resbale en accidentes tenebrosos y viciosos. Se vela mucho, y después se pierde la madrugada del día siguiente, y, por lo mismo, la oportunidad de servir a Dios; en una palabra, siempre es una locura cambiar el día por la noche, la luz por las tinieblas, las buenas obras por las liviandades. Al baile todos llevan, a porfía, vanidad, y la vanidad es una gran disposición para los afectos malos y para los amores peligrosos y vituperables pues todas estas cosas suelen ser fruto de las danzas.
Filotea, te digo de los bailes lo que los médicos dicen de los hongos: los mejores no valen nada; y yo te digo que los mejores bailes nada tienen de buenos. Si, no obstante, has de comer hongos, mira que estén bien condimentados; si, en alguna ocasión, de la cual no puedas excusarte, te ves obligada a ir al baile, procura, en tu danza, la mayor decencia. Mas,
¿cómo lograrla? Con modestia, con dignidad y con buena intención. Come pocos y no con mucha frecuencia, dicen los médicos, hablando de los hongos, porque, por bien preparados que estén, la cantidad los hace venenosos; baila poco y con poca frecuencia, Filotea, porque, de lo contrario, caerás en el peligro de aficionarte.
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