Santos Apóstoles · Kindle

Parte 3 · Capítulo 38

Introducción a la vida devota · San Francisco de Sales

AVISO A LAS PERSONAS CASADAS

Tramo 8 de 11

Letra pequeñaMedianaGrande

Santa Mónica, estando encinta del gran San Agustín, lo consagró muchas veces a la religión cristiana y al servicio de la gloria de Dios como él mismo nos lo da a entender, cuando nos dice que había gustado «la sal de Dios en las entrañas de su madre». Es una gran lección para las mujeres cristianas la de ofrecer a la divina Majestad el fruto de su vientre, ya antes de haber nacido, pues Dios, que acepta las ofrendas de un corazón humilde y generoso, favorece, ordinariamente, los deseos de las madres en estas ocasiones. Testigos de ello son Samuel, Santo Tomás de Aquino, San Andrés de Fiésole y muchos otros. La madre de San Bernardo, digna madre de tal hijo, tomando en sus brazos a sus hijos, al instante de haber nacido, los ofrecía a Jesucristo, y, desde entonces, les amaba con respeto, como una cosa sagrada que Dios le había confiado, y fue tan feliz el éxito de esta práctica, que los siete fueron muy santos.

Mas, cuando los hijos ya han venido al mundo y comienza en ellos el uso de la razón, han de tener los padres mucho cuidado en grabar el temor de Dios en sus corazones. La buena reina Blanca cumplió fervorosamente este deber con su hijo, el rey San Luis, pues le decía con frecuencia:

Último tramo abierto guardado si su navegador acepta cookies. También puede guardar esta página en favoritos.