Santos Apóstoles · Kindle

Parte 4 · Capítulo 3

Introducción a la vida devota · San Francisco de Sales

DE LA NATURALEZA DE LAS TENTACIONES Y DE LA DIFERENCIA QUE HAY ENTRE EL SENTIR LA TENTACIÓN Y EL CONSENTIR EN ELLA

Tramo 3 de 3

Letra pequeñaMedianaGrande

¿Has visto, alguna vez, Filotea, un gran brasero de fuego cubierto de ceniza? Cuando, diez o doce horas más tarde, queremos sacar fuego de él, solamente, y aun a duras penas, encontramos muy poco, oculto entre el rescoldo; y, sin embargo, hay fuego, pues lo encontramos y con él se puede encender de nuevo todo el carbón apagado. Lo mismo ocurre con la caridad, que es nuestra vida espiritual en medio de las grandes y violentas tentaciones; porque la tentación, cuando existe la delectación de la parte inferior, parece que cubre toda el alma de ceniza y esconde el amor de Dios en el fondo, amor que ya no aparece en ninguna otra parte, si no es un medio del corazón, en lo más hondo del espíritu; y parece que no existe, pues cuesta trabajo encontrarlo. Está, empero, en realidad, pues, aunque todo ande revuelto en nuestra alma y en nuestro cuerpo, tenemos el propósito de no consentir ni en el pecado ni en la tentación, y la delectación, que, en nosotros, agrada al hombre exterior, desagrada al hombre interior, y, aunque ande dando vueltas en torno de nuestra voluntad, no esta, empero, dentro de ella; y en esto se ve que esta delectación es involuntaria, y, por lo tanto, es imposible que sea pecado.

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