Parte 4 · Capítulo 10
Introducción a la vida devota · San Francisco de Sales
CÓMO SE HA DE ROBUSTECER EL CORAZÓN CONTRA LAS TENTACIONES
Tramo 1 de 2
De vez en cuando, considera qué pasiones son más dominantes en tu alma, y, una vez descubiertas, emprende una manera de vivir que les sea totalmente contraria, en pensamientos, palabras y obras. Por ejemplo, si te sientes inclinada a la pasión de la vanidad, piensa, con frecuencia, en las miserias de esta vida humana, en lo muy enojosas que estas vanidades serán para tu conciencia el día de tu muerte; en lo indigno que son de un espíritu generoso; en que no son más que juegos y diversiones de niños, y en otras cosas parecidas. Habla muchas veces contra la vanidad y, aunque te parezca que no lo sientes, no dejes de despreciarla, porque, por este medio, ganarás fama de lo contrario, porque, a fuerza de hablar contra alguna cosa, nos sentimos movidos a aborrecerla, aunque, al principio, le sintamos afición. Haz actos de abyección y de humildad siempre que puedas, aunque te parezca que los haces con repugnancia, porque, por este medio, te acostumbrarás a la humildad y debilitarás tu vanidad, de suerte que, al sobrevenir la tentación, tu inclinación no podrá favorecerla, y tendrás más fuerza para combatirla.
Si te sientes inclinada a la avaricia, piensa, con frecuencia, en la locura de este pecado que nos hace esclavos de lo que sólo ha sido creado para servirnos; que cuando llegue la muerte también tendrás que dejarlo, y dejarlo en manos de quienes lo disiparán y a quienes acarreará la ruina y la condenación, y fomenta otros pensamientos por el estilo. Habla fuerte contra la avaricia, alaba mucho el desprecio del mundo, hazte violencia y da muchas limosnas, y no te detengas en las oportunidades de amontonar.
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