Parte 4 · Capítulo 13
Introducción a la vida devota · San Francisco de Sales
DE LOS CONSUELOS ESPIRITUALES Y SENSIBLES Y CÓMO HAY QUE CONDUCIRSE EN ELLOS
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que la bese; besemos, pues, a este Salvador, que nos da tantas dulzuras. Ahora bien, besar al Salvador, es obedecerle, guardar sus mandamientos, hacer su voluntad, cumplir sus deseos: en una palabra, abrazarle tiernamente con obediencia y fidelidad. Por lo tanto, cuando recibimos alguna consolación espiritual, es menester que, aquel día, seamos más diligentes en el bien obrar, y que nos humillemos. e) Además de eso, es necesario que, de vez en cuando, renunciemos a estas dulzuras, ternezas y consolaciones, que despeguemos nuestro corazón de ellas y que hagamos protestas de que, si bien las aceptamos humildemente y las amamos, porque Dios nos las envía y nos mueven a su amor, no son, empero, ellas lo que buscamos, sino Dios y su santo amor; no la consolación, sino el Consolador; no la dulzura, sino el dulce Salvador; no la ternura, sino la suavidad del cielo y de la tierra, y, con estos afectos, nos hemos de disponer a perseverar firmes en el santo amor de Dios, aunque, durante toda nuestra vida, jamás hubiésemos de sentir ningún consuelo, diciéndole lo mismo en el monte Calvario y en el Tabor: « ¡ Oh Señor!, bueno es permanecer aquí », ya estemos en la cruz, ya en la gloria. f) Finalmente, te advierto que si recibes en notable abundancia estas consolaciones, ternuras, lágrimas y dulzuras, o te acontece en ellas alguna cosa extraordinaria, hables de ello sinceramente con tu director, para aprender la manera de moderarte y conducirte, pues está escrito: «¿Has hallado la miel? Pues come la que es suficiente».
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