Santos Apóstoles · Kindle

Parte 4 · Capítulo 13

Introducción a la vida devota · San Francisco de Sales

DE LOS CONSUELOS ESPIRITUALES Y SENSIBLES Y CÓMO HAY QUE CONDUCIRSE EN ELLOS

Tramo 5 de 9

Letra pequeñaMedianaGrande

Un niño llorará amargamente si ve que sangran a su madre con una lanceta; pero si, al mismo tiempo, su madre le pide una manzana o un paquete de confites que tiene en la mano, no querrá, en manera alguna, soltarlo. Tales son, en su mayor parte, nuestras tiernas devociones: cuando vemos la lanzada que traspasa el corazón de Jesucristo crucificado, lloramos de ternura, ¡Ah! Filotea, está bien llorar la pasión dolorosa y la muerte de nuestro Padre y Redentor; mas, ¿por qué no le damos de buen grado la manzana que tenemos en nuestras manos, y que Él nos pide constantemente, a saber, nuestro corazón, la única manzana de amor que este Salvador desea de nosotros? ¿Por qué, no le ofrecemos tantos pequeños afectos, goces, complacencias, que Él quiere arrebatarnos de las manos y no puede, porque son nuestras golosinas y las preferimos a la gracia celestial? ¡Ah! son amistades de niños pequeños, tiernas, sí, pero débiles, ilusorias, y sin efecto. La devoción no consiste en estas ternezas y afectos sensibles, que unas veces proceden del propio natural que es también blando y susceptible de la impresión que se le quiera dar, y otras veces del enemigo, que, para distraernos con esto, excita nuestra imaginación con ideas que producen estos efectos.

2. Estas ternezas y afectuosas dulzuras son, empero, a veces, muy buenas y muy útiles, porque abren el apetito del alma, confortan el espíritu, y juntan a la prontitud de la devoción una santa alegría, la cual hace que nuestros actos, aun exteriormente, sean bellos y simpáticos. Es el gusto que se siente por las cosas divinas, el cual hacia exclamar a David:

«¡Oh, Señor, qué dulces son a mi paladar tus palabras; más dulces que la miel en mi boca! »

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