Santos Apóstoles · Kindle

Parte 4 · Capítulo 14

Introducción a la vida devota · San Francisco de Sales

DE LAS SEQUEDADES Y ESTERILIDADES ESPIRITUALES

Tramo 4 de 7

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3. Acude al confesor; ábrele bien tu corazón; muéstrale todos los repliegues de tu alma; sírvete de los consejos que te dará, con gran simplicidad y humildad, porque Dios, que gusta infinitamente de la obediencia, hace que sean útiles los consejos que recibimos de otros, sobre todo de los directores de almas, aunque por otra parte, estos consejos sean de poca apariencia, como hizo provechosas a Naamán las aguas del Jordán, cuyo uso le había ordenado Elíseo, sin ninguna apariencia de razón humana.

4. Pero, después de lo dicho, nada hay tan provechoso en las sequedades y esterilidades como el no ansiar ni dejarse dominar por el deseo de ser liberada. No digo que no se puedan tener simples deseos de verse libre de ellas; lo que digo es que no hemos de poner en ello el corazón, sino, antes bien, abandonarnos a la pura merced de la especial providencia de Dios, a fin de que se sirva de nosotros, según le plazca, en medio de estas espinas y de estos desiertos. En tal estado, pues, digamos a Dios: « ¡Oh Padre!, si es posible, que pase de mí este cáliz»; pero añadamos con valor: «mas no se haga mi voluntad sino la tuya»; y detengámonos en esto con toda la calma que nos sea posible, ya que Dios, al vernos en esta santa indiferencia, nos consolará con gracias y favores, así como al ver a Abrahán resuelto a privarse de su hijo Isaac, se contentó con verle indiferente y con aquella pura resignación, y le consoló con una visión muy agradable y con dulcísimas bendiciones.

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