Parte 4 · Capítulo 14
Introducción a la vida devota · San Francisco de Sales
DE LAS SEQUEDADES Y ESTERILIDADES ESPIRITUALES
Tramo 5 de 7
Luego, en toda clase de aflicciones, así corporales como espirituales, y en las distracciones y privaciones de la devoción sensible, hemos de decir, con todo nuestro corazón y con una profunda sumisión: «El Señor me ha dado los consuelos, el Señor me los ha quitado; sea bendito su santo Nombre», pues, perseverando en esta humildad, nos devolverá sus deliciosos favores, como hizo con Job, el cual se sirvió constantemente de parecidas palabras en todas sus desolaciones.
5. Por último, Filotea, en medio de todas nuestras inquietudes y esterilidades, no perdamos el ánimo, sino que, esperando pacientemente la vuelta de los consuelos, sigamos siempre nuestro camino; no dejemos, por ello, ninguno de los ejercicios de devoción, antes bien, si es posible multipliquemos nuestras buenas obras, y, si no podemos presentar a nuestro amado Esposo confituras tiernas, ofrezcámoselas secas, pues le da lo mismo, con tal que el corazón que se las presente esté absolutamente resuelto a quererle amar. Cuando la primavera es buena, las abejas fabrican más miel y producen menos abejorros, porque, siendo favorable el buen tiempo, se esmeran en hacer tanta cosecha entre las flores, que olvidan la cría de sus ninfas; pero, cuando la primavera es desapacible y nublada, producen más ninfas y no tanta miel, porque, no pudiendo salir para la cosecha, se ocupan en poblarse y en multiplicar la raza. Filotea, ocurre algunas veces que el alma, al verse en la hermosa primavera de las consolaciones espirituales, se entretiene tanto en amontonarlas y en chupar de ellas, que, en medio de la abundancia de tan suaves delicias, hace muchas menos buenas obras, y, al contrario, en medio de las asperezas y esterilidades espirituales, según se ve privada de los agradables sentimientos de la devoción, multiplica mucho más las obras sólidas y abunda en la producción interior de las verdaderas virtudes de la paciencia, humildad, propia abyección, resignación y abnegación de su amor propio.
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