Santos Apóstoles · Kindle

Parte 4 · Capítulo 15

Introducción a la vida devota · San Francisco de Sales

CONFIRMACIÓN Y ACLARACIÓN DE LO QUE HEMOS DICHO, CON UN EJEMPLO NOTABLE

Tramo 3 de 6

Letra pequeñaMedianaGrande

Así terminó la tentación de aquel devoto personaje. Pero en esta historia, repara, amada Filotea: 1. Que Dios, ordinariamente, da a gustar algún anticipo de las delicias celestiales a los que comienzan a servirle, para apartarlos de los placeres terrenos y alentarles en la prosecución del divino amor, como la madre que, para atraer a su seno a su hijo, se pone miel en los pechos. 2. Que, no obstante, es este mismo Dios bueno, quien, a veces, según sus sapientísimos consejos, nos quita la leche y la miel de los con suelos, para que destetados de esta manera, aprendamos a comer el pan seco y más sólido de una devoción vigorosa, purificada con la prueba de la aridez y de las tentaciones. 3. Que, a veces, en medio de las arideces y de las sequedades, estallan grandes tormentas, y, entonces, es menester combatir con constancia las tentaciones, porque no vienen de Dios; es, empero, necesario sufrir con paciencia las sequedades, pues Dios las ha ordenado para nuestro ejercicio.4. Que nunca hemos de perder el ánimo en medio de los enojos interiores, ni decir como el buen Godofredo: «Jamás estaré alegre», pues en medio de la noche hemos de esperar la luz; y, recíprocamente, durante la mayor bonanza espiritual de que podamos gozar, nunca hemos de decir: «Jamás estaré triste»; no, porque, como dice el Sabio, «en los días de la prosperidad nos hemos de acordar de la adversidad». Hemos de esperar en medio de las penas, y hemos de temer en medio de las prosperidades, y, en ambos casos, siempre nos hemos de humillar. 5. Que es un excelente remedio el descubrir nuestro mal a algún amigo espiritual que pueda consolarnos.

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