Santos Apóstoles · Kindle

Parte 4 · Capítulo 15

Introducción a la vida devota · San Francisco de Sales

CONFIRMACIÓN Y ACLARACIÓN DE LO QUE HEMOS DICHO, CON UN EJEMPLO NOTABLE

Tramo 5 de 6

Letra pequeñaMedianaGrande

A veces la apatía, las arideces y las sequedades provienen de la mala disposición del cuerpo, como acaece cuando por el exceso de vigilias, de trabajo, de ayunos, se siente agobiado de cansancio, de modorra, de pesadez y de otras parecidas debilidades, las cuales aunque sólo afectan a él, no dejan, empero, de incomodar al espíritu, por la estrecha relación que, entre ambos, existe. Por lo mismo, en tales ocasiones, es menester acordarse siempre de hacer muchos actos de virtud con la punta de nuestro espíritu y voluntad superior, porque, si bien parece que nuestra alma duerme y está invadida de sopor y dejadez, con todo, los actos de nuestro espíritu no dejan de ser muy agradables a Dios, y, en este estado, podemos muy bien decir con la sagrada Esposa: «Yo duermo, pero mi corazón está en vela»; y, como he dicho más arriba, si sentimos menos gusto en trabajar de esta manera, hay, empero, más mérito y virtud. Pero, en este caso, el remedio está en vigorizar el cuerpo con algún legítimo alivio y recreación. Así San Francisco mandaba a sus religiosos que fuesen tan moderados en sus trabajos, que no quedase ahogado el fervor del espíritu.

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