Capítulo 1
Camino de perfección · Santa Teresa de Jesús
De la causa que me movió a hacer con tanta estrechura este monasterio
Tramo 2 de 4
Me parecía que mil vidas pusiera yo para remedio de un alma de las muchas que allí se perdían. Y como me vi mujer y ruin e imposibilitada de aprovechar en lo que yo quisiera en el servicio del Señor, y toda mi ansia era, y aún es que, pues tiene tantos enemigos y tan pocos amigos, que esos fuesen buenos, determiné a hacer eso poquito que era en mí, que es seguir los consejos evangélicos con toda la perfección que yo pudiese y procurar que estas poquitas que están aquí hiciesen lo mismo, confiada en la gran bondad de Dios, que nunca falta de ayudar a quien por Él se determina a dejarlo todo; y que, siendo tales cuales yo las pintaba en mis deseos, entre sus virtudes no tendrían fuerza mis faltas y podría yo contentar en algo al Señor; y que, todas ocupadas en oración por los que son defendedores de la Iglesia y predicadores y letrados que la defienden, ayudásemos en lo que pudiésemos a este Señor mío, que tan apretado le traen a los que ha hecho tanto bien, que parece le querrían tomar ahora a la cruz estos traidores y que no hubiese adonde reclinar la cabeza.
3. ¡Oh, Redentor mío, que no puede mi corazón llegar aquí sin fatigarse mucho! ¿Qué es esto ahora de los cristianos? ¿Siempre ha de ser los que más os deben los que os fatiguen? A los que mejores obras hacéis, a los que escogéis para vuestros amigos, entre los que andáis y comunicáis por los sacramentos, ¿no están hartos de los tormentos que por ellos habéis pasado?
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