Capítulo 2
Camino de perfección · Santa Teresa de Jesús
Que trata cómo se han de descuidar de las necesidades y del bien que hay en la pobreza
Tramo 1 de 5
1. No penséis, hermanas mías, que por no andar a contentar a los del mundo os ha de faltar de comer, yo os aseguro. Jamás por artificios humanos pretendáis sustentaros, que moriréis de hambre, y con razón. Los ojos en vuestro Esposo; Él os ha de sustentar; contento Él, aunque no quieran, os darán de comer los menos vuestros devotos, como lo hemos visto por experiencia. Si, haciendo vosotras esto, muriereis de hambre, ¡bienaventuradas las monjas de San José! Esto no se os olvide, por amor del Señor; pues dejáis la renta, dejad el cuidado de la comida; si no, todo va perdido. Los que quiere el Señor que la tengan, tengan enhorabuena esos cuidados, que es mucha razón pues es su llamamiento; mas nosotras, hermanas, es disparate.
2. Cuidado de rentas ajenas, me parece a mí, sería estar pensando en lo que los otros gozan; sí, que por vuestro cuidado no muda el otro su pensamiento, ni se le pone deseo de dar limosna. Dejad ese cuidado a quien los puede mover a todos, que es el Señor de las rentas y de los renteros. Por su mandamiento venimos aquí; verdaderas son sus palabras, no pueden faltar; antes faltarán los cielos y la tierra. No le faltemos nosotras, que no hayáis miedo que falte; y, si alguna vez os faltare, será para mayor bien, como faltaban las vidas a los santos, cuando los mataban para el Señor, y era para aumentarles la gloria por el martirio. Buen trueco sería acabar presto con todo y gozar de la hartura perdurable.
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