Capítulo 5
Camino de perfección · Santa Teresa de Jesús
Prosigue en los confesores. Dice lo que importa sean letrados
Tramo 3 de 4
5. Todo esto que he dicho toca a la prelada; y así, la torno a pedir que, pues aquí no se pretende tener otra consolación sino la del alma, procure en esto su consolación; que hay diferentes caminos por donde lleva Dios y no por fuerza los sabrá todos un confesor; que yo aseguro no les falten personas santas que quieran tratarlas y consolar sus almas, si ellas son las que han de ser, aunque seáis pobres; que el que las sustenta los cuerpos despertará y pondrá voluntad a quien con ella dé luz a sus almas, y se remedia este mal, que es el que yo temo; que cuando el demonio tentase al confesor en engañarle en alguna doctrina, como sepa trata con otros, se irá a la mano y mirará mejor en todo lo que hace.
Quitada esta entrada al demonio, yo espero en Dios no la tendrá en esta casa; y, así, pido por amor del Señor al obispo que fuere que deje a las hermanas esta libertad y que no se la quite, cuando las personas fueran tales que tengan letras y bondad, que luego se entiende en lugar tan chico como éste.
6. Esto que aquí he dicho lo tengo visto y entendido y tratado con personas doctas y santas, que han mirado lo que más convenía a esta casa, para que la perfección de esta casa fuese adelante; y entre los peligros -que en todo le hay mientras vivimos- éste hallamos ser el menor. Y que nunca haya vicario que tenga mano de entrar y salir, ni confesor que tenga esta libertad, sino que éstos sean para celar el recogimiento y honestidad de la casa y aprovechamiento interior y exterior, para decirlo al prelado cuando hubiere falta; mas no que sea él el superior.
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