Santos Apóstoles · Kindle

Capítulo 8

Camino de perfección · Santa Teresa de Jesús

Trata del gran bien que es desasirse de todo lo criado interior y exteriormente

Tramo 2 de 3

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2. Cuanto a lo exterior, ya se ve cuán apartadas estamos aquí de todo. ¡Oh, hermanas! entended, por amor de Dios, la gran merced que el Señor ha hecho a las que trajo aquí, y cada una lo piense bien en sí, pues en solas doce quiso Su Majestad fueseis una. ¡Y qué de ellas, mejores que yo, sé que tomaran este lugar de buena gana, y me le dio el Señor a mí, mereciéndole tan mal! ¡Bendito seáis Vos, mi Dios, y alábeos todo lo criado, que esta merced tampoco se puede servir, como otras muchas que me habéis hecho; que darme estado de monja fue grandísima! Y como lo he sido tan ruin, no os fiasteis, Señor, de mí, porque adonde había muchas juntas buenas no se echara de ver así mi ruindad hasta que se me acabara la vida, y me trajisteis adonde -por ser tan pocas que parece imposible dejarse entender-, porque ande con más cuidado, me quitáis todas las ocasiones. Ya no hay disculpa para mí, Señor, yo lo confieso, y así he más menester vuestra misericordia, para que perdonéis la que tuviere.

3. Lo que os pido mucho es que la que viere en sí no es para llevar lo que aquí se acostumbra, lo diga; otros monasterios hay adonde se sirve también el Señor; no turben estas poquitas que aquí Su Majestad ha juntado. En otras partes hay libertad para consolarse con deudos; aquí, si alguno[s] se admiten, es para consuelo de los mismos. Mas la monja que deseare ver deudos para su consuelo, si no son espirituales, téngase por imperfecta; crea no está desasida, no está sana, no tendrá libertad de espíritu, no tendrá entera paz: menester ha médico. Y digo que si no se le quita y sana, que no es para esta casa.

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