Capítulo 10
Camino de perfección · Santa Teresa de Jesús
Trata cómo no basta desasirse de lo dicho, si no nos desasimos de nosotras mismas, y cómo están juntas esta virtud y la humildad
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5. Ahora, pues, lo primero que hemos de procurar es quitar de nosotras el amor de este cuerpo; que somos algunas tan regaladas de nuestro natural, que no hay poco que hacer aquí, y tan amigas de nuestra salud, que es cosa para alabar a Dios la guerra que dan, a monjas en especial, y aun a los que no lo son. Mas algunas monjas no parece que venimos a otra cosa al monasterio, sino a procurar no morirnos; cada una lo procura como puede.
Aquí, a la verdad, poco lugar hay de eso con la obra, mas no querría yo hubiese el deseo. Determinaos, hermanas, que venís a morir por Cristo y no a regalaros por Cristo; que esto pone el demonio «que [es menester] para llevar y guardar la Orden»; y tanto, enhorabuena, se quiere guardar la Orden con procurar la salud para guardarla y conservarla, que se muere sin cumplirla enteramente un mes, ni por ventura un día. Pues no sé yo a qué venimos.
6. No hayan miedo nos falte discreción en este caso, por maravilla, que luego temen los confesores nos hemos de matar con penitencias. Y es tan aborrecido de nosotras esta falta de discreción, que así lo cumpliésemos todo. Las que lo hicieren al contrario, yo sé que no se les dará nada de que diga esto, ni a mí de que digan juzgo por mí, que dicen verdad. Tengo para mí que así quiere el Señor seamos más enfermas; al menos a mí me hizo en serlo gran misericordia, porque como me había de regalar así como así, quiso que fuese con causa.
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