Capítulo 12
Camino de perfección · Santa Teresa de Jesús
Trata de cómo ha de tener en poco la vida el verdadero amador de Dios, y la honra
Tramo 3 de 5
4. En los movimientos interiores se traiga mucha cuenta, en especial si tocan en mayorías. Dios nos libre, por su Pasión, de decir ni pensar para detenerse en ello: «si soy más antigua», «si he más años», «si he trabajado más», «si tratan a la otra mejor». Estos pensamientos, si vinieren, es menester atajarlos con presteza; que si se detienen en ellos o lo ponen en plática, es pestilencia y de donde nacen grandes males. Si tuvieren priora que consiente cosas de éstas, por poco que sea, crean por sus pecados ha permitido Dios la tengan para comenzarse a perder, y hagan gran oración porque dé el remedio, porque están en gran peligro.
5. Podrá ser que digan que «para qué pongo tanto en esto» y «que va con rigor», «que regalos hace Dios a quien no está tan desasido». Yo lo creo, que con su sabiduría infinita ve que conviene para traerlos a que lo dejen todo por Él. No llamo «dejarlo» entrar en Religión, que impedimentos puede haber, y en cada parte puede el alma perfecta estar desasida y humilde; ello a más trabajo suyo, que gran cosa es el aparejo. Mas créanme una cosa, que si hay punto de honra o de hacienda -y esto también puede haberlo en los monasterios como fuera, aunque más quitadas están las ocasiones y mayor sería la culpa-, que, aunque tengan muchos años de oración -o, por mejor decir, consideración, porque oración perfecta, en fin, quita estos resabios-, que nunca medrarán mucho ni llegarán a gozar el verdadero fruto de la oración.
6. Mirad si os va algo, hermanas, en estas cosas, pues no estáis aquí a otra cosa. Vosotras no quedáis más honradas, y el provecho perdido para lo que podríais más ganar; así que deshonra y pérdida cabe aquí junto.
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