Capítulo 16
Camino de perfección · Santa Teresa de Jesús
De la diferencia que ha de haber en la perfección de la vida de los contemplativos a los que se contentan con oración mental y cómo es posible algunas veces subir Dios un alma distraída a perfecta contemplación y la causa de ello
Tramo 3 de 4
5. Tengo para mí que hay muchos con quien Dios nuestro Señor hace esta prueba, y pocos los que se disponen para gozar de esta merced; que cuando el Señor la hace y no queda por nosotros, tengo por cierto que nunca cesa de dar hasta llegar a muy alto grado. Cuando no nos damos a Su Majestad con la determinación que Él se da a nosotros, harto hace de dejarnos en oración mental y visitarnos de cuando en cuando, como a criados que están en su viña; mas estotros son hijos regalados, no los querría quitar cabe de sí, ni los quita, porque ya ellos no se quieren quitar; los sienta a su mesa, les da de lo que come hasta quitar el bocado de la boca para dársele.
6. ¡Oh, dichoso cuidado, hijas mías! ¡Oh, bienaventurada dejación de cosas tan pocas y tan bajas, que llega a tan gran estado! Mirad qué se os dará -estando en los brazos de Dios- que os culpe todo el mundo. Poderoso es para libraros de todo, que una vez que mandó hacer el mundo, fue hecho; su querer es obra. Pues no hayáis miedo que, si no es para más bien del que le ama, consienta hablar contra vos; no quiere tan poco a quien le quiere. Pues ¿por qué, mis hermanas, no le mostraremos nosotras -en cuanto podemos- el amor? Mirad que es hermoso trueco dar nuestro amor por el suyo; mirad que lo puede todo y acá no podemos nada, sino lo que Él nos hace poder. Pues, ¿qué es esto que hacemos por Vos, Señor, Hacedor nuestro? Que es tanto como nada, una determinacioncilla. Pues si lo que no es nada quiere Su Majestad que merezcamos por ello el todo, no seamos desatinadas.
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