Santos Apóstoles · Kindle

Capítulo 19

Camino de perfección · Santa Teresa de Jesús

Que comienza a tratar de la oración. Habla con almas que no pueden discurrir con el entendimiento

Tramo 2 de 11

Letra pequeñaMedianaGrande

2. Hay unas almas y entendimientos tan desbaratados como unos caballos desbocados, que no hay quien los haga parar; ya van aquí, ya van allí, siempre con desasosiego: es su misma naturaleza, o Dios que lo permite. Les he mucha lástima, porque me parecen como unas personas que han mucha sed y ven el agua de muy lejos y, cuando quieren ir allá, hallan quien las defienda el paso al principio y medio y fin. Acaece que, cuando ya con su trabajo -y con harto trabajo- han vencido los primeros enemigos, a los segundos se dejan vencer y quieren más morir de sed que beber agua que tanto ha de costar. Se les acabó el esfuerzo, les faltó ánimo. Y ya que algunos le tienen para vencer también los segundos enemigos, a los terceros se les acaba la fuerza, y por ventura no estaban dos pasos de la fuente de agua viva que dijo el Señor a la Samaritana, que quien la bebiere no tendrá sed. Y ¡con cuánta razón y verdad, como dicho de la boca de la misma Verdad, que no la tendrá de cosa de esta vida, aunque crece muy mayor de lo que acá podemos imaginar de las cosas de la otra por esta sed natural! Mas ¡con qué sed se desea tener esta sed! Porque entiende el alma su gran valor y, [aunque] es sed penosísima que fatiga, trae consigo la misma satisfacción con que se mata aquella sed, de manera que es una sed que no ahoga sino a las cosas terrenas, antes da hartura; de manera que, cuando Dios la satisface, la mayor merced que puede hacer el alma es dejarla con la misma necesidad, y mayor queda siempre de tornar a beber esta agua.

3. El agua tiene tres propiedades, que ahora se me acuerda que me hacen al caso, que muchas más tendrá.

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