Capítulo 19
Camino de perfección · Santa Teresa de Jesús
Que comienza a tratar de la oración. Habla con almas que no pueden discurrir con el entendimiento
Tramo 4 de 11
Y así no os espantaréis, hermanas, de lo mucho que he puesto en este libro para que procuréis esta libertad. ¿No es linda cosa que una pobre monja de San José pueda llegar a señorear toda la tierra y elementos? Y ¿qué mucho que los santos hiciesen de ellos lo que querían, con el favor de Dios? A san Martín, el fuego y las aguas le obedecían; a san Francisco, hasta las aves y los peces; y así a otros muchos santos. Se veía claro ser tan señores de todas las cosas del mundo, por haber bien trabajado de tenerle en poco y sujetándose de veras con todas sus fuerzas al Señor de él. Así que -como digo- el agua que nace en la tierra no tiene poder [contra él]; sus llamas son muy altas y su nacimiento no comienza en cosa tan baja. Otros fuegos hay de pequeño amor de Dios, que cualquier suceso los matará; mas a éste no, no. Aunque toda la mar de tentaciones venga, no le harán que deje de arder de manera que no se enseñoree de ellas.
5. Pues si es agua de lo que llueve del cielo, muy menos le matará; no son contrarios, sino de una tierra; no hayáis miedo se hagan mal el un elemento al otro, antes ayuda el uno al otro a su efecto; porque el agua de las lágrimas verdaderas -que son las que proceden en verdadera oración, bien dadas del Rey del cielo- le ayuda a encender más y hace que dure, y el fuego ayuda al agua a enfriar.
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