Capítulo 19
Camino de perfección · Santa Teresa de Jesús
Que comienza a tratar de la oración. Habla con almas que no pueden discurrir con el entendimiento
Tramo 8 de 11
9 Entiéndase de aquí que, como en nuestro Sumo Bien no puede haber cosa que no sea cabal, todo lo que Él da es para nuestro bien; y por mucha abundancia de esta agua que dé, no puede haber demasía en cosa suya; porque si da mucho, hace -como he dicho- hábil el alma para que sea capaz de beber mucho; como un vidriero que hace la vasija del tamaño que ve es menester, para que quepa lo que quiere echar en ella. En el desearlo -como es de nosotros- nunca va sin falta; si alguna cosa buena lleva, es lo que en él ayuda el Señor. Mas somos tan indiscretos que, como es pena suave y gustosa, nunca nos pensamos hartar de esta pena; comemos sin tasa, ayudamos como acá podemos a este deseo y, así, algunas veces mata. ¡Dichosa tal muerte!; mas, por ventura, con la vida ayudara a otros para morir por deseo de esta muerte. Y esto creo hace el demonio, porque entiende el daño que ha de hacer con vivir; y, así, tienta aquí de indiscretas penitencias para quitar la salud, y no le va poco en ello.
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