Capítulo 19
Camino de perfección · Santa Teresa de Jesús
Que comienza a tratar de la oración. Habla con almas que no pueden discurrir con el entendimiento
Tramo 10 de 11
12. Y digo que no tendré por malo -si puede, digo, que por ventura todas veces no podrá- que mude el deseo, pensando si vive servirá más a Dios, y podrá ser a alguna alma que se había de perder la dé luz, y que, con servir más, merecerá por donde pueda gozar más de Dios, y témase lo poco que ha servido. Y son buenos consuelos para tan gran trabajo, y aplacará su pena y ganará mucho, pues, por servir al mismo Señor, se quiere acá pasar y vivir con su pena. Es como si uno tuviese un gran trabajo o grave dolor, consolarle con decir «tenga paciencia y se deje en las manos de Dios, y que cumpla en él su voluntad, que dejarnos en ellas es lo más acertado en todo».
13. Y si el demonio ayudó en alguna manera a tan gran deseo, que sería posible, como cuenta -creo- Casiano de un ermitaño de asperísima vida, que le hizo entender se echase en un pozo, porque vería más presto a Dios, yo bien creo que no debía haber servido con humildad, ni bien; porque fiel es el Señor y no consintiera Su Majestad se cegara en cosa tan manifiesta. Mas está claro; si el deseo fuera de Dios, no le hiciera mal: trae consigo la luz y la discreción y la medida. Esto es claro, sino que este adversario, enemigo nuestro, por dondequiera que puede procura dañar; y pues él no anda descuidado, no lo andemos nosotros. Este es punto importante para muchas cosas; así para acortar el tiempo de la oración, por gustosa que sea, cuando se ven acabar las fuerzas corporales o hacer daño a la cabeza. En todo es muy necesario discreción.
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