Capítulo 24
Camino de perfección · Santa Teresa de Jesús
Trata cómo se ha de rezar oración vocal con perfección y cuán junta anda con ella la mental
Tramo 2 de 3
3. Si queréis decir que ya os lo sabéis y que no hay para qué se os acuerde, no tenéis razón: que mucho va de maestro a maestro, pues aun de los que acá nos enseñan es gran desgracia no acordarnos, en especial, si son santos y son maestros del alma, es imposible, si somos buenos discípulos. Pues de tal maestro como quien nos enseñó esta oración y con tanto amor y deseo que nos aprovechase, nunca Dios quiera que no nos acordemos de Él muchas veces cuando decimos la oración, aunque por ser flacos no sean todas.
4. Pues, cuanto a lo primero, ya sabéis que enseña Su Majestad que sea a solas; que así lo hacía él siempre que oraba, y no por su necesidad, sino por nuestro enseñamiento. Ya esto dicho se está que no se sufre hablar con Dios y con el mundo, que no es otra cosa estar rezando y escuchando por otra parte lo que están hablando, o pensar en lo que se les ofrece sin más irse a la mano; salvo si no es algunos tiempos que, o de malos humores -en especial si es persona que tiene melancolía-, o flaqueza de cabeza, que, aunque más lo procura no puede, o que permite Dios días de grandes tempestades en sus siervos para más bien suyo, y aunque se afligen y procuran quietarse, no pueden ni estar en lo que dicen, aunque más hagan, ni asienta en nada el entendimiento, sino que parece tiene frenesí, según anda desbaratado.
5. Y en la pena que da a quien lo tiene, verá que no es a culpa suya, y no se fatigue, que es peor, ni se canse en poner seso a quien por entonces no le tiene, que es su entendimiento, sino rece como pudiere; y aun no rece, sino, como enferma, procure dar alivio a su alma: entienda en otra obra de virtud.
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