Capítulo 26
Camino de perfección · Santa Teresa de Jesús
En que va declarando el modo para recoger el pensamiento. Pone medios para ello. Es capítulo muy provechoso para los que comienzan oración
Tramo 4 de 6
7. Tomad, hija, de aquella cruz; no se os dé nada de que os atropellen los judíos, porque Él no vaya con tanto traba[jo]; no hagáis caso de lo que os dijeren; haceos sorda a las murmuraciones; tropezando, cayendo con vuestro Esposo, no os apartéis de la cruz ni la dejéis; mirad mucho el cansancio con que va y las ventajas que hace su trabajo a los que vos padecéis; por grandes que los queráis pintar y por mucho que los queráis sentir, saldréis consolada de ellos, porque veréis son cosa de burla comparados a los del Señor.
8. Diréis, hermanas, que cómo se podrá hacer esto; que «si le vierais con los ojos del cuerpo en el tiempo que Su Majestad andaba en el mundo, que lo hicierais de buena gana y le mirarais siempre». No lo creáis, que a quien ahora no se quiere hacer un poquito de fuerza a recoger siquiera la vista para mirar dentro de sí a este Señor -que lo puede hacer sin peligro, sino con tantito cuidado-, muy menos se pusiera al pie de la cruz con la Magdalena, que veía la muerte al ojo.
Mas ¡qué debía pasar la gloriosa Virgen y esta bendita Santa! ¡Qué de amenazas, qué de malas palabras y qué de encontrones, y qué descomedidas! Pues, ¡con qué gente lo habían, tan cortesana! Sí, lo era del infierno, que eran ministros del demonio. Por cierto que debía ser terrible cosa lo que pasaron; sino que, con otro dolor mayor, no sentirían el suyo. Así que, hermanas, no creáis erais para tan grandes trabajos, si no sois para cosas tan pocas; ejercitándoos en ellas, podéis venir a otras mayores.
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