Capítulo 27
Camino de perfección · Santa Teresa de Jesús
En que trata el gran amor que nos mostró el Señor en las primeras palabras del Paternóster y lo mucho que importa no hacer caso ninguno del linaje las que de veras quieren ser hijas de Dios
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5. Pues ¿os parece, hijas, que es buen maestro éste, pues, para aficionamos a que deprendamos lo que nos enseña, comienza haciéndonos tan gran merced? Pues ¿os parece ahora que será razón que, aunque digamos vocalmente esta palabra, dejemos de entender con el entendimiento, para que se haga pedazos nuestro corazón con ver tal amor? Pues ¿qué hijo hay en el mundo que no procure saber quién es su padre, cuando le tiene bueno y de tanta majestad y señorío? Aun si no lo fuera, no me espantara no nos quisiéramos conocer por sus hijos, porque anda el mundo tal, que si el padre es más bajo del estado en que está el hijo, no se tiene por honrado en conocerle por padre.
6. Esto no viene aquí, porque en esta casa nunca plega a Dios haya acuerdo de cosa de éstas: sería infierno; sino que la que fuere más, tome menos a su padre en la boca: todas han de ser iguales. ¡Oh, colegio de Cristo! que tenía más mando san Pedro, con ser un pescador -y le quiso así el Señor-, que san Bartolomé, que era hijo de rey. Sabía Su Majestad lo que había de pasar en el mundo sobre cuál era de mejor tierra, que no es otra cosa sino debatir si será buena para adobes o para tapias. ¡Válgame Dios, qué gran trabajo traemos!
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