Capítulo 31
Camino de perfección · Santa Teresa de Jesús
Que prosigue en la misma materia. Declara qué es oración de quietud. Pone algunos avisos para los que la tienen. Es mucho de notar
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11. Ahora, pues, concluyamos con que, puesta el alma en esta oración, ya parece le ha concedido el Padre Eterno su petición de darle acá su reino. ¡Oh, dichosa demanda, que tanto bien en ella pedimos sin entenderlo! ¡Dichosa manera de pedir! Por eso, quiero yo, hermanas, que miremos cómo rezamos esta oración del Paternóster y todas las demás vocales; porque, hecha Dios esta merced, nos descuidaremos de las cosas del mundo, porque llegando el Señor de él, todo lo echa fuera. No digo que todos los que la tuvieren por fuerza estén desasidos del todo del mundo; al menos querría que entiendan lo que les falta y se humillen y procuren irse desasiendo del todo, porque, si no, se quedará aquí. Y alma a quien Dios le da tales prendas es señal que la quiere para mucho: si no es por su culpa, irá muy adelante. Mas si ve que, poniéndola el reino del cielo en su casa, se torna a la tierra, no sólo no la mostrará los secretos que hay en su reino, mas serán pocas veces las que le haga este favor, y breve espacio.
12. Ya puede ser yo me engañe en esto, mas lo veo y sé que pasa así, y tengo para mí que por eso no hay muchos más espirituales; porque, como no responden en los servicios conforme a tan gran merced, con no tornar a aparejarse a recibirla, sino sacar al Señor de las manos la voluntad que ya tiene por suya y ponerla en cosas bajas, se va a buscar adonde le quieran para dar más, aunque no del todo quita lo dado cuando se vive con limpia conciencia.
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