Capítulo 35
Camino de perfección · Santa Teresa de Jesús
Acaba la materia comenzada con una exclamación al Padre Eterno
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5. ¡Oh, mi Dios, quién pudiera importunaros mucho y haberos servido mucho para poderos pedir tan gran merced en pago de mis servicios, pues no dejáis ninguno sin paga! Mas no lo he hecho, Señor; antes por ventura soy yo la que os he enojado de manera que por mis pecados vengan tantos males. Pues ¿qué he de hacer, Criador mío, sino presentaros este Pan sacratísimo y, aunque nos le disteis, tornárosle a dar y suplicaros, por los méritos de vuestro Hijo, me hagáis esta merced, pues por tantas partes lo tiene merecido? Ya, Señor, ya. ¡Haced que se sosiegue este mar!; no ande siempre en tanta tempestad esta nave de la Iglesia y ¡salvadnos, Señor mío!, que perecemos.
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