Capítulo 37
Camino de perfección · Santa Teresa de Jesús
Dice la excelencia de esta oración del Paternóster y cómo hallaremos de muchas maneras consolación en ella
Tramo 1 de 3
1. Es cosa para alabar mucho al Señor cuán subida perfección es esta oración evangelical, bien como ordenada de tan buen Maestro; y así podemos, hijas, cada una tomarla a su propósito. Me espanta ver que en tan pocas palabras está toda la contemplación y perfección encerrada, que parece no hemos menester otro libro sino estudiar en éste. Porque hasta aquí nos ha enseñado el Señor todo el modo de oración y de alta contemplación, desde los principiantes a la oración mental y de quietud y unión, que, a ser yo para saberlo decir, se pudiera hacer un gran libro de oración sobre tan verdadero fundamento. Ahora ya comienza el Señor a darnos a entender los efectos que deja cuando son mercedes suyas, como habéis visto.
2. He pensado yo cómo no se había Su Majestad declarado más en cosas tan subidas y oscuras para que todos lo entendiésemos. Me ha parecido que, como había de ser general para todos esta oración, que porque pudiese pedir cada uno a su propósito y se consolase, pareciéndonos le damos buen entendimiento, lo dejó así en confuso, para que los contemplativos que ya no quieren cosas de la tierra y personas ya muy dadas a Dios, pidan las mercedes del cielo que se pueden, por la gran bondad de Dios, dar en la tierra; y los que aún viven en ella y es bien que vivan conforme a sus estados, pidan también su pan -que se han de sustentar y sustentan sus casas y es muy justo y santo-, y así las demás cosas, conforme a sus necesidades.
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