Santos Apóstoles · Kindle

Capítulo 38

Camino de perfección · Santa Teresa de Jesús

Que trata de la gran necesidad que tenemos de suplicar al Padre Eterno nos conceda lo que pedimos en estas palabras: Et ne nos inducas in tentationem, sed libera nos a malo, y declara algunas tentaciones. Es de notar

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3. Mirad, hijas, que de muchas maneras dañan; no penséis que es sólo en hacernos entender que los gustos que pueden fingir en nosotros y regalos son de Dios, que éste me parece el menos daño, en parte, que ellos pueden hacer; antes podrá ser que con esto hagan caminar más aprisa, porque, cebados de aquel gusto, están más horas en la oración; y como ellos están ignorantes que es del demonio y como se ven indignos de aquellos regalos, no acabarán de dar gracias a Dios, quedarán más obligados a servirle, se esforzarán a disponerse para que les haga más mercedes el Señor, pensando son de su mano.

4. Procurad, hermanas, siempre humildad y ver que no sois dignas de estas mercedes y no las procuréis. Haciendo esto, tengo para mí que muchas almas pierde el demonio por aquí -pensando hacer que se pierdan- y que saca el Señor, del mal que él pretende hacer, nuestro bien; porque mira Su Majestad nuestra intención, que es contentarle y servirle estándonos con Él en la oración, y fiel es el Señor. Bien es andar con aviso no haga quiebra en la humildad o engendrar alguna vanagloria. Suplicando al Señor os libre en esto, no hayáis miedo, hijas, que os deje Su Majestad regalar mucho de nadie, sino de Sí.

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