Capítulo 38
Camino de perfección · Santa Teresa de Jesús
Que trata de la gran necesidad que tenemos de suplicar al Padre Eterno nos conceda lo que pedimos en estas palabras: Et ne nos inducas in tentationem, sed libera nos a malo, y declara algunas tentaciones. Es de notar
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9. Trae otra tentación: que nos parecemos muy pobres de espíritu, y traemos costumbre de decirlo, que «ni queremos nada ni se nos da nada de nada»; no se ha ofrecido la ocasión de darnos algo -aunque pase de lo necesario-, cuando va toda perdida la pobreza de espíritu. Mucho ayuda el traer costumbre de decirlo a parecer que se tiene. Mucho hace al caso andar siempre sobre aviso para entender esta tentación, así en las cosas que he dicho, como en otras muchas; porque, cuando de veras da el Señor una sólida virtud de éstas, todas parece las trae tras sí; es muy conocida cosa. Mas os torno a avisar que, aunque os parezca la tenéis, temáis que os engañáis; porque el verdadero humilde siempre anda dudoso en virtudes propias, y muy ordinariamente le parecen más ciertas y de más valor las que ve en sus prójimos.
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