Santos Apóstoles · Kindle

Capítulo 39

Camino de perfección · Santa Teresa de Jesús

Prosigue la misma materia y da avisos de tentaciones algunas de diferentes maneras y pone los remedios para que se puedan librar de ellas

Tramo 2 de 4

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3. Cuando así os hallareis, atajad el pensamiento de vuestra miseria lo más que pudiereis, y ponedle en la misericordia de Dios y en lo que nos ama y padeció por nosotros. Y si es tentación, aun esto no podréis hacer, que no os dejará sosegar el pensamiento, ni ponerle en cosa, sino para fatigaros más; harto será si conocéis es tentación.

Así es en penitencias desconcertadas, para hacer entendernos que somos más penitentes que las otras y que hacéis algo. Si os andáis escondiendo del confesor o prelada, o si diciéndoos que lo dejéis, no lo hacéis, es clara tentación. Procurad -aunque más pena os dé- obedecer, pues en esto está la mayor perfección.

4. Pone otra bien peligrosa, que es una seguridad de parecernos que en ninguna manera tornaríamos a las culpas pasadas y contentos del mundo; «que ya le tengo entendido y sé que acaba todo y que más gusto me dan las cosas de Dios». Esta, si es a los principios, es muy malo, porque con esta seguridad no se les da nada de tornarse a poner en las ocasiones, y nos hace dar de ojos, y ¡plega a Dios que no sea muy peor la recaída! Porque, como el demonio ve que es alma que le puede dañar y aprovechar a otras, hace todo su poder para que no se levante. Así que, aunque más gustos y prendas de amor el Señor os dé, nunca tanto andéis seguras que dejéis de temer podéis tornar a caer, y guardaros de las ocasiones.

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