Santos Apóstoles · Kindle

Capítulo 41

Camino de perfección · Santa Teresa de Jesús

Que habla del temor de Dios y cómo nos hemos de guardar de pecados veniales

Tramo 1 de 6

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1. ¡Cómo me he alargado! Pues no tanto como quisiera, porque es cosa sabrosa hablar en tal amor; ¿qué será tenerle? El Señor me le dé por quien Su Majestad es.

Ahora vengamos al temor de Dios. Es cosa también muy conocida de quien le tiene y de los que le tratan. Aunque quiero entendáis que a los principios no está tan crecido, si no es algunas personas, a quien - como he dicho- el Señor hace grandes mercedes, que en breve tiempo las hace ricas de virtudes; y así no se conoce en todos -a los principios, digo-; se va aumentando el valor, creciendo más cada día; aunque desde luego se entiende, porque luego se apartan de pecados y de las ocasiones y de malas compañías y se ven otras señales. Mas cuando ya llega el alma a contemplación -que es de lo que más ahora aquí tratamos-, el temor de Dios también anda muy al descubierto, como el amor; no va disimulado aun en lo exterior. Aunque mucho con aviso se miren estas personas, no las verán andar descuidadas, que, por grande que le tengamos a mirarlas, las tiene el Señor de manera que, si gran interés se le ofreciese, no harán de advertencia un pecado venial; los mortales temen como al fuego.

Y estas son las ilusiones que yo querría, hermanas, temiésemos mucho, y supliquemos siempre a Dios no sea tan recia siempre la tentación, que le ofendamos, sino que nos la dé conforme a la fortaleza que nos ha de dar para vencerla. Esto es lo que hace al caso; este temor es el que yo deseo nunca se quite de nosotras, que es lo que nos ha de valer.

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