Capítulo 41
Camino de perfección · Santa Teresa de Jesús
Que habla del temor de Dios y cómo nos hemos de guardar de pecados veniales
Tramo 3 de 6
4. Mirad, por amor de Dios, hermanas, si queréis ganar este temor de Dios, que va mucho entender cuán grave cosa es ofensa de Dios y tratarlo en vuestros pensamientos muy ordinario, que nos va la vida, y mucho más, tener arraigada esta virtud en nuestras almas. Y hasta que entendáis muy de veras que le tenéis, es menester andar siempre con mucho cuidado y apartarnos de todas las ocasiones y compañías que no nos ayuden a llegarnos más a Dios. Tener gran cuenta con todo lo que hacemos, para doblar en ello nuestra voluntad, y cuenta con que lo que hablare vaya con edificación; huir de donde hubiere pláticas que no sean de Dios.
Ha menester mucho que en sí quede muy impreso este temor; aunque, si de veras hay amor, presto se cobra; mas en teniendo el alma visto con gran determinación en sí que -como he dicho- por cosa criada no hará una ofensa de Dios, aunque después se caiga alguna vez, porque somos flacos y no hay que fiar de nosotros: cuando más determinados, menos confiados de nuestra parte, que de donde ha de venir la confianza ha de ser de Dios. Cuando esto que he dicho entendamos de nosotros, no es menester andar tan encogidos ni apretados, que el Señor nos favorecerá -y ya la costumbre nos será ayuda para no ofenderle-, sino andar con una santa libertad, tratando con quien fuere justo, y aunque sean distraídas. Porque las que, antes que tuvieseis este verdadero temor de Dios, os fueran tóxico y ayuda para matar el alma, muchas veces después os la harán para amar más a Dios y alabarle, porque os libró de aquello que veis ser notorio peligro; y si antes fuerais parte para ayudar a sus flaquezas, ahora lo seréis para que se vayan a la mano en ellas, por estar delante de vos, que sin quereros hacer honra, acaece esto.
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