Capítulo 41
Camino de perfección · Santa Teresa de Jesús
Que habla del temor de Dios y cómo nos hemos de guardar de pecados veniales
Tramo 5 de 6
6. Y viene otro daño de aquí, que es juzgar a otros: como no van por vuestro camino, sino con más santidad -por aprovechar el prójimo tratan con libertad y sin esos encogimientos-, luego os parecerán imperfectos. Si tienen alegría santa, parecerá disolución, en especial en las que no tenemos letras ni sabemos en lo que se puede tratar sin pecado. Es muy peligrosa cosa y un andar en tentación continuo y muy de mala digestión, porque es un perjuicio del prójimo; y pensar que si no van todos por el modo que vos, encogidamente, no van tan bien, es malísimo. Y hay otro daño: que en algunas cosas que habéis de hablar - y es razón habléis- por miedo de no exceder en algo, no osaréis sino por ventura decir bien de lo que sería muy bien abominaseis.
7. Así que, hermanas, todo lo que pudiereis sin ofensa de Dios, procurad ser afables y entender de manera con todas las personas que os trataren, que amen vuestra conversación y deseen vuestra manera de vivir y tratar, y no se atemoricen y amedrenten de la virtud. A religiosas importa mucho esto; mientras más santas, más conversables con sus hermanas, y que aunque sintáis mucha pena si no van sus pláticas todas como vos las querríais hablar, nunca os extrañéis de ellas, si queréis aprovechar y ser amada. Que es lo que mucho hemos de procurar: ser afables y agradar y contentar a las personas que tratamos, en especial a nuestras hermanas.
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