Capítulo 42
Camino de perfección · Santa Teresa de Jesús
En que trata de estas postreras palabras del Paternóster: sed libera nos a malo. Amen. «Mas líbranos de mal. Amén»
Tramo 2 de 4
2. «Amén». Que el «amén» entiendo yo que, pues con él se acaban todas las cosas, que así pide el Señor seamos librados de todo mal para siempre. Y así lo suplico yo al Señor me libre de todo mal para siempre, pues no me desquito de lo que debo, sino que puede ser por ventura cada día me adeudo más. Y lo que no se puede sufrir, Señor, es no poder saber cierto que os amo, ni si son aceptos mis deseos delante de Vos. ¡Oh, Señor y Dios mío, libradme ya de todo mal, y sed servido de llevarme adonde están todos los bienes! ¿Qué esperan ya aquí a los que Vos habéis dado algún conocimiento de lo que es el mundo y los que tienen viva fe de lo que el Padre Eterno les tiene guardado?
3. El pedir esto con deseo grande y toda determinación es un gran efecto para los contemplativos de que las mercedes que en la oración reciben son de Dios; así que los que lo fueren, ténganlo en mucho. El pedirlo yo no es por esta vía -digo que no se tome por esta vía-, sino que, como he tan mal vivido, temo ya de más vivir y me cansan tantos trabajos. Los que participan de los regalos de Dios no es mucho deseen estar adonde no los gocen a sorbos, y que no quieran estar en esta vida -que tantos embarazos hay para gozar de tanto bien-, y que deseen estar adonde no se les ponga el sol de justicia. Se les hará todo oscuro cuanto después acá ven, y de cómo viven me espanto. No debe ser con contento quien ha comenzado a gozar y le han dado ya acá su reino y no ha de vivir por su voluntad, sino por la del rey.
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