Santos Apóstoles · Kindle

Capítulo 2

Historia de un alma · Santa Teresita del Niño Jesús

La muerte de su madre

Tramo 10 de 17

Letra pequeñaMedianaGrande

¡Las fiestas!... ¡Ah, cuán fragantes recuerdos trae a mi memoria esta palabra! ¡Las fiestas!... ¡Cuánto me gustaban! Sabía Vuestra Reverencia explicarme también los misterios ocultos en cada una de ellas, que esos días de la tierra venían a ser para mí días del cielo. Me gustaban sobre todo las procesiones del Santísimo Sacramento. ¡Qué alegría poder sembrar de flores el camino por donde pasaba Dios! Antes de dejarlas caer, las lanzaba muy alto, gozando extraordinariamente que mis rosas deshojadas tocasen la Sagrada Custodia.

¡Las fiestas! ¡Ah! Si las solemnes eran pocas, en cambio cada semana me traía una muy querida para mi corazón: el domingo. ¡Día radiante, consagrado a Dios y al descanso! ¡Toda la familia asistía a la Misa mayor; recuerdo aún que como el lugar que ocupábamos estaba muy distante del púlpito, en el momento del sermón teníamos que ir a buscar sitio en la nave; esto no era fácil, pero todo el mundo se apresuraba a ofrecer sillas a Teresita y a su padre. Mi tío se alegraba de vernos llegar a los dos; me llamaba su rayito de sol, y decía que era un cuadro interesantísimo el de aquel venerable patriarca llevando de la mano a su hijita. Yo no me cuidaba poco ni mucho de que mirasen; solamente me absorbía el escuchar con atención al sacerdote. El primer sermón que comprendí fue uno sobre la Pasión de Nuestro Señor que me dejó muy enternecida. Tenía cinco años y medio, y desde entonces pude comprender y apreciar el sentido de todas las instrucciones.

Último tramo abierto guardado si su navegador acepta cookies. También puede guardar esta página en favoritos.