Santos Apóstoles · Kindle

Capítulo 3

Historia de un alma · Santa Teresita del Niño Jesús

La enfermedad y la sonrisa de María

Tramo 4 de 13

Letra pequeñaMedianaGrande

Una noche oí que le decían a mi feliz hermanita: Desde la Primera Comunión, tendrás que empezar una vida enteramente nueva. Entonces tomé la resolución de no esperar hasta aquel día para comenzar yo también una vida nueva — sino que decidí empezarla al mismo tiempo que Celina.

Los días del retiro preparatorio los pasó mi hermana como interna en la Abadía. ¡Cuán largos me parecieron! Luego por fin el venturoso día, ¡ah, qué deliciosa impresión dejó en mi alma! Fue para mí como el preludio de mi Primera Comunión. ¡Cuántas gracias recibí! Considero aquel día como uno de los más hermosos de mi vida.

He retrocedido algo en mi relato para mencionar este inefable recuerdo; tócame ahora hablar de la dolorosa separación que destrozó mi alma al arrebatarme Jesús a mi tierna y amada madrecita. Le había dicho un día que me gustaría retirarme con ella a algún apartado desierto; respondióme que aquel era también su deseo, pero que para realizarlo, aguardaría a que yo fuese bastante mayor. Tomó en serio Teresita este imposible proyecto, y, ¡cuál no sería su desconsuelo al oír a su querida Paulina hablar con María de su próxima entrada en el Carmen! No sabía yo lo que era el Carmen, pero comprendía que me dejaría para entrar en un convento; comprendí que no me esperaría.

¿Cómo podré expresar la angustia de mi corazón? En un instante se me presentó la vida con toda su realidad, llena de sufrimientos y continuas separaciones, y derramé amarguísimas lágrimas. Ignoraba entonces el goce del sacrificio; era yo débil, tan sumamente débil, que considero como un gran favor del cielo el haber podido soportar, sin morir, aquella prueba que aparentemente era muy superior a mis fuerzas.

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